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martes, 22 de agosto de 2017

Domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo A - Mt 16,13-20

Jesús pregunta a sus discípulos sobre lo que la gente piensa de él. Curiosamente las respuestas. que recoge el evangelio dominical, todas son positivas, insuficientes, pero positivas. Sabemos, por otros pasajes, que todos no tenían una visión tan optimista de la persona y del mensaje de Jesús, sino no hubiese muerto en la cruz. Nos centraremos, no obstante, en las respuestas que nos narra el evangelio de hoy. Jesús es visto como un predicador de los últimos tiempos (Juan Bautista) o como un profeta que proclama la Palabra de Dios en tiempos difíciles (Elías, Jeremías, etc.). Y Jesús sí que es un profeta, sí que es un hombre extraordinario, pero es mucho más.

La respuesta que el narrador pone en boca de Pedro aclara el sentido profundo de la identidad de Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» Jesús es la respuesta a las expectativas del pueblo de Dios, es el Mesías; pero las sobrepasa, es «el Hijo de Dios vivo». Jesús es la respuesta de Dios a la búsqueda de sentido de toda la Humanidad, es la revelación del amor de Dios a cada ser humano, es Dios que se quiere quedar con nosotros, que decide compartir nuestra condición vulnerable.

No debemos nunca despreciar las diversas respuestas que, también en nuestra época, hacen nuestros contemporáneos sobre la identidad de Jesús, aunque sean limitadas. Esas aproximaciones nos deben animar a predicar, a manifestar con nuestra vida que tienen razón, que Jesús es alguien excepcional, un auténtico transformador social, pero que es mucho más, es la respuesta de Dios a la Humanidad.

martes, 23 de mayo de 2017

Ascensión del Señor, ciclo A - Mt 28,16-20

Lugar de la Ascensión, Jerusalén
Este domingo celebramos la «Ascensión del Señor», el día en que Jesucristo, después de resucitar, asciende al cielo y se sienta a la derecha del Padre (segunda lectura). Pero los discípulos no quedan solos, no permanecerán huérfanos, serán «bautizados con Espíritu Santo» (primera lectura), que les dará fuerzas para predicar la «Buena Noticia» del Reino «hasta los confines del mundo». Más aún, les promete, el mismo Jesús, que no les abandonará nunca, que estará con ellos «todos los días, hasta el fin del mundo» (evangelio).

Esta festividad nos recuerda que la misión que inició Jesús la ha de continuar la comunidad eclesial, cada uno de sus discípulos y discípulas se ha de sentir implicado. La tarea es ingente. Otro mundo es posible, donde cada ser humano sea respetado por lo que es y no por lo que tiene; donde toda mujer y todo hombre consideren a su prójimo su hermana o su hermano, hijos de un único Padre. La tarea de la evangelización no ha concluido: queda mucho trabajo por realizar. 

Es verdad que no siempre estamos por la labor, que nos quedamos «plantados mirando al cielo», pero sabemos que Él no nos fallará nunca y nos ayudará a salir de nuestra apatía o desesperanza: se ha quedado con nosotros…, para siempre.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Domingo I de Adviento, ciclo A - Mt 24,37-44

Comenzamos un nuevo tiempo de Adviento, de espera de la venida del Señor. Los textos litúrgicos nos invitan a estar preparados, a una actitud de expectativa, de vela, como el centinela que vigila sin dormirse. Pablo, en la carta a los romanos (segunda lectura), nos recuerda que nuestra salvación está «más cerca» y que nuestra vida se debe adecuar a una espera próxima de la venida del Señor. Y esto es una «buena noticia». El evangelio de hoy, en la misma línea, nos invita a estar siempre preparados, a no adormecernos, a vivir en la tensión de la espera del Señor.

Nuestra existencia debe ser una respuesta a la llamada de Jesús, un cambio radical en nuestros criterios y en nuestras actitudes. Es una invitación a salir de la mediocridad y empeñarnos –dentro de nuestras posibilidades– en cambiar las cosas: que el mundo sea más justo; que todos respeten la dignidad de cada persona independientemente de su raza, condición social, sexo o religión–; que cada ser humano considere al otro su hermano, todos hijos del mismo Padre; que nos empeñemos en la tarea de la evangelización...

No podemos «esperar a mañana», porque no sabemos si habrá mañana: Él vendrá sin avisar, como «viene el ladrón». Dice un refrán castellano: «no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy»

lunes, 26 de septiembre de 2016

Domingo XXVII del tiempo ordinario, ciclo C - Lc 17,5-10

Arbusto de mostaza
La fe y el servicio son las dos columnas sobre las que se apoya la enseñanza del evangelio de hoy. Y ambas están presentadas por Jesús de una forma paradójica.

La confianza en Dios, a la que nos invita Jesús, está por encima de cualquier cálculo humano; no tiene nada que ver con una fe «racionalista». Implica fiarse del Señor hasta las últimas consecuencias: Él puede cambiar las cosas, incluso las que nos parecen a primera vista imposibles. No podemos perder nunca la esperanza. Las situaciones difíciles en la vida son muchas, pero Dios está de nuestro lado. No lo podemos olvidar.

Aunque, al mismo tiempo, exige de nosotros una actitud de servicio, de disponibilidad: Dios cuenta con cada uno/a de nosotros/as, para cambiar las cosas, para «crear» un mundo mejor. La tarea por realizar en ingente: situaciones de flagrante injusticia; hombres y mujeres a los que no se les reconoce su dignidad de personas; seres humanos «sedientos» de una palabra de apoyo, de reconocimiento social, con necesidades de todo tipo; una labor evangelizadora por hacer titánica...

Y, curiosamente, la lógica evangélica poco tiene que ver con la habitual del mundo: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer». No podemos buscar el aplauso de los otros por realizar un servicio ineludible, al que no tenemos derecho a renunciar.

domingo, 14 de agosto de 2016

La Asunción de María - Lc 1,39-56

María, en el evangelio de su festividad, aparece como la primera evangelizadora, la que hace de su vida un servicio a los demás. Ella se «pone en camino», aprisa, con prontitud. Sabe que su familiar Isabel necesita ayuda, y no se lo piensa dos veces, se dirige hacia Jerusalén, un camino de varios kilómetros, para ponerse a su servicio. María es la mujer creyente por excelencia, pero sabe que la fe implica una respuesta generosa, una demostración de amor de donación. Y, por eso, es «bienaventurada».

María proclama con su vida y con sus palabras las grandezas de Dios; un Dios que es grande porque está al lado de su pueblo, al lado de los pobres y necesitados, porque es el siempre fiel.

Y esta actitud de servicio, de disponibilidad, de ayuda la sigue ejerciendo desde el cielo, al lado de Dios Padre. Sigue atenta a nuestras necesidades, preocupada y ocupada en ayudar a los que más lo necesitan. Esto es esencialmente lo que celebramos en la fiesta de hoy.

Al estilo de vida de María estamos invitados toda la cristiandad. Cuando tres cuartas partes de la humanidad están viviendo de una forma precaria, sin lo mínimo necesario; cuando a nuestro alrededor hay tantas personas necesitadas, a causa de la inmigración, del desarraigo social, de situaciones de marginación; cuando hay tantas personas que necesitan una palabra de consuelo, de amor...; y no reacciono, es que no he entendido la Buena Nueva de Jesús, como la vivió y la sigue viviendo María.

lunes, 27 de junio de 2016

San Pedro y san Pablo, apóstoles - Mt 16,13-19

La Tradición, la Iglesia han querido unir en una misma fiesta estas dos grandes figuras de la Iglesia primitiva: Pedro y Pablo. Las diversas lecturas de hoy nos recuerdan algunos momentos de la vida de estos dos personajes.

El evangelio nos evoca la confesión de fe de Pedro en Jesús como Mesías y como Hijo de Dios. Seguramente Pedro no es plenamente consciente del alcance de su afirmación, pero es un paso importante. Jesús le confiará el cuidado de su Iglesia.

Pedro es un hombre sencillo, de profesión pescador. Tendrá la misión de ser «piedra» fundamental en la construcción de la nueva realidad que se está inaugurando con Jesús. Tendrá que aprender que el ser dirigente de la Iglesia de Jesús no tiene nada que ver con actitudes de poder ni con imposiciones arbitrarias. El libro de los Hechos de los Apóstoles (primera lectura) lo presenta en la cárcel: el seguimiento de Jesús muchas veces no es fácil. Algo similar pasa con Pablo que en la segunda carta a Timoteo (segunda lectura) comenta su próximo martirio, después de toda una vida entregada a la evangelización.

Son dos grandes columnas de la Iglesia. Su ejemplo es un espejo donde todos debemos mirarnos: su fe, su espíritu de servicio, su afán evangelizador, su empeño en hacer presente la «Buena Noticia» de Jesús, su entrega hasta las últimas consecuencias…, son actitudes necesarias para la construcción del Reino de Dios y de un mundo más justo.

lunes, 13 de junio de 2016

Domingo XII del tiempo ordinario, ciclo C - Lc 9,18-24

¿Quién es Jesús? Es la pregunta que plantea el mismo Jesús a sus discípulos y es la pregunta que aún sigue siendo actual.

Para muchos Jesús es un personaje histórico de gran importancia social, incluso para algunos un revolucionario; para otros una celebridad religiosa con gran incidencia en su tiempo e incluso siglos después, que se puede poner al lado de otros como Buda, Confucio, Mahoma o incluso Gandhi o Luther King. Para nosotros, como creyentes, estas respuestas nos resultan insuficientes. Aunque eso no debe nunca significar desprecio a estas aproximaciones a la figura de Jesús de Nazaret; pueden ser un primer paso. Detrás de todas ellas –entonces y ahora– hay una cierta simpatía hacia su persona. Y eso es bueno.

Sabemos que Jesús es el «Mesías de Dios», aunque, es posible, que nosotros tampoco terminemos de entender y asumir lo que significa esto. El anuncio de su pasión, muerte y resurrección inmediatamente después de la afirmación de Pedro, indica que también los creyentes podemos confundir o tergiversar su vida y su mensaje.

Hemos de seguir preguntándonos personal y comunitariamente ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?; ¿porqué en tantas ocasiones el mensaje de Jesús que transmitimos en nuestras vidas y en nuestras palabras es poco convincente?

lunes, 10 de agosto de 2015

La Asunción de María - Lc 1,39-56

María, en el evangelio de la festividad de la Asunción, aparece como la primera evangelizadora, la que hace de su vida un servicio a los demás. Ella se «pone en camino», aprisa, con prontitud. Sabe que Isabel, su parienta, necesita ayuda, y no se lo piensa dos veces, se dirige hacia Jerusalén, un camino de varios kilómetros, para ponerse a su servicio. María es la mujer creyente por excelencia, pero sabe que la fe implica una respuesta generosa, una demostración de amor de donación. Y, por eso, es «bienaventurada».

María proclama con su vida y con sus palabras las grandezas de Dios; un Dios que es grande porque está al lado de su pueblo, al lado de los pobres y necesitados, porque es el siempre fiel.
          
Y esta actitud de servicio, de disponibilidad, de ayuda la sigue ejerciendo desde el cielo, al lado de Dios Padre. Sigue atenta a nuestras necesidades, preocupada y ocupada en ayudar a los que más lo necesitan. Esto es esencialmente lo que celebramos en la fiesta de hoy.

Al estilo de vida de María estamos invitados toda la cristiandad. Cuando tres cuartas partes de la humanidad están viviendo de una forma precaria, sin lo mínimo necesario; cuando a nuestro alrededor hay tantas personas necesitadas, a causa de la inmigración, del desarraigo social, de marginación, de la crisis económica; cuando hay tanta gente que necesita una palabra de consuelo, de amor...; y no reacciono, es que no he entendido la Buena Nueva de Jesús, como la vivió y la sigue viviendo María.

lunes, 6 de julio de 2015

Domingo XV del tiempo ordinario, ciclo B - Mc 6,7-13

En el evangelio de este domingo Jesús encomienda al grupo de los Doce la primera misión apostólica. Los envía «de dos en dos». Es mucho más fácil cualquier encargo misionero, apostólico, catequético… cuando cuentas con la ayuda de alguien, cuando tienes la posibilidad de compartir alegrías y adversidades, éxitos y fracasos. También posibilita el testimonio comunitario, eclesial. No podemos perder nunca de vista que nuestra labor no puede ser nunca individualista, la perspectiva eclesial es ineludible.

La tarea que les encarga Jesús es la de predicar y la de curar las enfermedades del cuerpo y del alma. La palabra siempre ha de ir acompañada de gestos. Los gestos, los hechos también «hablan» de la buena noticia del Reino. Una vida que no responde a lo que se predica no convence. La preocupación por las necesidades del prójimo siempre ha formado parte del anuncio evangélico; con una unión indisoluble.

Y un tercer aspecto resalta el narrador del evangelio: la pobreza de medios. Llevan «para el camino un bastón y nada más» Con frecuencia nos frenamos en muchos proyectos porque no tenemos medios, porque «así no podemos». El mensaje de Jesús, como casi siempre, va en otra dirección.

martes, 27 de mayo de 2014

Ascensión del Señor - Mt 28,16-20

Lugar de la Ascensión, Jerusalén
Hoy celebramos la «Ascensión del Señor», el día en que Jesucristo, después de resucitar, asciende al cielo y se sienta a la derecha del Padre (segunda lectura). Pero los discípulos no quedan solos, no permanecerán huérfanos, serán «bautizados con Espíritu Santo» (primera lectura), que les dará fuerzas para predicar la «Buena Noticia» del Reino «hasta los confines del mundo». Más aún, les promete, el mismo Jesús, que no les abandonará nunca, que estará con ellos «todos los días, hasta el fin del mundo» (evangelio).

La fiesta de hoy nos recuerda que la misión que inició Jesús la ha de continuar la comunidad eclesial, cada uno de sus discípulos y discípulas se ha de sentir implicado. La tarea es ingente. Otro mundo es posible, donde cada ser humano sea respetado por lo que es y no por lo que tiene; donde toda mujer y todo hombre consideren a su prójimo su hermana o su hermano, hijos de un único Padre. La tarea de la evangelización no ha concluido: queda mucho trabajo por realizar. 

Es verdad que no siempre estamos por la labor, que nos quedamos «plantados mirando al cielo», pero sabemos que Él no nos fallará nunca y nos ayudará a salir de nuestra apatía o desesperanza: se ha quedado con nosotros…, para siempre.

martes, 1 de octubre de 2013

Domingo XXVII del tiempo ordinario - Lc 17,5-10

Arbusto de mostaza
La fe y el servicio son las dos columnas sobre las que se apoya la enseñanza del evangelio de hoy. Y ambas están presentadas por Jesús de una forma paradójica.

La confianza en Dios, a la que nos invita Jesús, está por encima de cualquier cálculo humano; no tiene nada que ver con una fe «racionalista». Implica fiarse del Señor hasta las últimas consecuencias: Él puede cambiar las cosas, incluso las que nos parecen a primera vista imposibles. No podemos perder nunca la esperanza. Las situaciones difíciles en la vida son muchas, pero Dios está de nuestro lado. No lo podemos olvidar.

Aunque, al mismo tiempo, exige de nosotros una actitud de servicio, de disponibilidad: Dios cuenta con cada uno/a de nosotros/as, para cambiar las cosas, para «crear» un mundo mejor. La tarea por realizar en ingente: situaciones de flagrante injusticia; hombres y mujeres a los que no se les reconoce su dignidad de personas; seres humanos «sedientos» de una palabra de apoyo, de reconocimiento social, con necesidades de todo tipo; una labor evangelizadora por hacer titánica...

Y, curiosamente, la lógica evangélica poco tiene que ver con la habitual del mundo: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer». No podemos buscar el aplauso de los otros por realizar un servicio ineludible, al que no tenemos derecho a renunciar.

lunes, 12 de agosto de 2013

La Asunción de María - Lc 1,39-56

María, en el evangelio de hoy, aparece como la primera evangelizadora, la que hace de su vida un servicio a los demás. Ella se «pone en camino», aprisa, con prontitud. Sabe que su familiar Isabel necesita ayuda, y no se lo piensa dos veces, se dirige hacia Jerusalén, un camino de varios kilómetros, para ponerse a su servicio. María es la mujer creyente por excelencia, pero sabe que la fe implica una respuesta generosa, una demostración de amor de donación. Y, por eso, es «bienaventurada».

María proclama con su vida y con sus palabras las grandezas de Dios; un Dios que es grande porque está al lado de su pueblo, al lado de los pobres y necesitados, porque es el siempre fiel.

Y esta actitud de servicio, de disponibilidad, de ayuda la sigue ejerciendo desde el cielo, al lado de Dios Padre. Sigue atenta a nuestras necesidades, preocupada y ocupada en ayudar a los que más lo necesitan. Esto es esencialmente lo que celebramos en la fiesta de hoy.

Al estilo de vida de María estamos invitados toda la cristiandad. Cuando tres cuartas partes de la humanidad están viviendo de una forma precaria, sin lo mínimo necesario; cuando a nuestro alrededor hay tantas personas necesitadas, a causa de la inmigración, del desarraigo social, de situaciones de marginación; cuando hay tantas personas que necesitan una palabra de consuelo, de amor...; y no reacciono, es que no he entendido la Buena Nueva de Jesús, como la vivió y la sigue viviendo María.

martes, 18 de junio de 2013

Domingo XII del tiempo ordinario - Lc 9,18-24


¿Quién es Jesús? Es la pregunta que plantea el mismo Jesús a sus discípulos y es la pregunta que aún sigue siendo actual.

Para muchos Jesús es un personaje histórico de gran importancia social, incluso para algunos un revolucionario; para otros una celebridad religiosa con gran incidencia en su tiempo e incluso siglos después, que se puede poner al lado de otros como Buda, Confucio, Mahoma o incluso Gandhi o Luther King. Para nosotros, como creyentes, estas respuestas nos resultan insuficientes. Aunque eso no debe nunca significar desprecio a estas aproximaciones a la figura de Jesús de Nazaret; pueden ser un primer paso. Detrás de todas ellas –entonces y ahora– hay una cierta simpatía hacia su persona. Y eso es bueno.

Sabemos que Jesús es el «Mesías de Dios», aunque, es posible, que nosotros tampoco terminemos de entender y asumir lo que significa esto. El anuncio de su pasión, muerte y resurrección inmediatamente después de la afirmación de Pedro, indica que también los creyentes podemos confundir o tergiversar su vida y su mensaje.

Hemos de seguir preguntándonos personal y comunitariamente ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?; ¿porqué en tantas ocasiones el mensaje de Jesús que transmitimos en nuestras vidas y en nuestras palabras es poco convincente? 

martes, 18 de diciembre de 2012

Domingo IV de Adviento - Lc 1,39-45

En el último domingo de Adviento la liturgia nos invita a poner los ojos en María, la madre de Jesús, la madre del Hijo de Dios. El texto que nos propone contemplar es el de la visitación de María a su parienta Isabel.

María aparece como una mujer atenta a las necesidades de los demás y, por ello, es capaz de viajar aproximadamente 130Km (distancia de Nazaret a Ein Karem) para ayudar a su parienta Isabel, embarazada y ya avanzada en edad.

Nos podemos unir a los elogios de Isabel a María que no se contentará con solicitar la bendición de Dios sobre ella, sino que proclamará una de las primeras bienaventuranzas, alabando la fe de la madre de Jesús: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» La presencia de Jesús en el vientre de María llenará de alegría y del Espíritu Santo tanto a Isabel como al hijo que lleva en las entrañas.

María es ejemplo de fe, de servicio, de evangelización, de alegría, de discípula, de apertura al plan de Dios. Todo un modelo a seguir.

lunes, 13 de agosto de 2012

La Asunción de María - Lc 1,39-56

La liturgia nos propone meditar en la festividad de la «Asunción de María» el evangelio de la visita de María a su parienta Isabel. María, en esta narración, se convierte en la portadora de Jesús, la que lo lleva dentro de si y lo ofrece a los demás. Es el ejemplo más claro de discipulado, desde su maternidad divina. Por eso Isabel alabará, cantará la bienaventuranza de su fe sin fisuras.

El cantico del «Magníficat», que entona María, es un texto poético, preñado de constantes evocaciones del Antiguo Testamento, de la Biblia Hebrea. La madre de Jesús nos presenta a un Dios que es grande y poderoso en su misericordia, en el amor preferencial por el necesitado, por el pobre, por el humillado. Esa también será la opción de María.

La comunidad creyente tenemos la oportunidad de mirarnos en el espejo de María, de admirar y compartir su fe, de evangelizar como ella, de tener una preocupación exquisita por las necesidades de los demás, de descubrir un Dios todo amor.

martes, 10 de julio de 2012

Domingo XV del tiempo ordinario - Mc 6,7-13

Al grupo de los Doce, como primera realidad de discipulado, Jesús le envía a compartir su misión. Han de sentirse responsables de que la Buena Noticia de parte de Dios, que ha traído e iniciado Jesús, llegue al mayor número de personas posibles, a todos. Son enviados de dos en dos: la evangelización es más llevadera y más eficaz si hay una presencia comunitaria, aunque sólo sean dos; los personalismos, con frecuencia, son un estorbo, cuando no un peligro. Y son encaminados con pobreza de medios: la conversión es obra de Dios, no de estrategias ni de montajes espectaculares.

Todas estas premisas hemos de tenerlas en cuenta a la hora de la llamada «nueva evangelización» La presencia comunitaria, la pobreza de medios, la confianza en la providencia, la preocupación por las necesidades reales de los destinatarios, la Buena Noticia de Jesús como realidad prioritaria, la alegría de la salvación… han de estar presentes en esta tarea irrenunciable.