martes, 16 de octubre de 2018
Domingo XXIX del tiempo ordinario, ciclo B - Mc 10,35-45
domingo, 22 de julio de 2018
Festividad de Santiago, apóstol - Mt 20,20-28
lunes, 24 de julio de 2017
Festividad de Santiago apóstol - Mt 20,20-28
martes, 17 de enero de 2017
Domingo III del tiempo ordinario, ciclo A - Mt 4,12-23
La Buena Noticia del Reino implica la liberación del mal, de todo mal, de toda injusticia; significa estar atento e involucrarse en las necesidades del prójimo, en las «dolencias del pueblo», «curarlas» a ejemplo del Maestro. Y para eso Jesús llama a sus primeros seguidores, a Simón, a Andrés, a Santiago, a Juan...; como nos llama a cada uno de nosotros y de nosotras. Es una llamada a predicar, a vivir, a testimoniar la proximidad del Reino de Dios, en el que no habrá más injusticia, donde será respetada la dignidad de todos y de cada uno/a, en donde todos serán hermanos/as, hijos e hijas del único Padre común. Ellos «dejaron (barca, familia, ocupaciones, etc.)... y le siguieron». ¿Qué estoy yo dispuesto a dejar para hacer posible la cercanía del Reino?
domingo, 24 de julio de 2016
Festividad de Santiago apóstol - Mt 20,20-28
lunes, 12 de octubre de 2015
Domingo XXIX del tiempo ordinario, ciclo B - Mc 10,35-45
lunes, 20 de julio de 2015
Santiago, apóstol - Mt 20,20-28
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| Catedral de Santiago de Compostela |
martes, 24 de febrero de 2015
Domingo II de Cuaresma, ciclo B - Mc 9,2-10
| Iglesia de la Transfiguración, Monte Tabor (Israel) |
martes, 22 de julio de 2014
Festividad de Santiago apóstol - Mt 20,20-28
martes, 16 de octubre de 2012
Domingo XXIX del tiempo ordinario - Mc 10,35-45
lunes, 23 de julio de 2012
Festividad de Santiago, apóstol - Mt 20,20-28
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| Catedral de Santiago de Compostela |
domingo, 24 de julio de 2011
Festividad de Santiago, Apóstol - Mt 20,20-28
jueves, 22 de julio de 2010
Festividad de Santiago apóstol - Mt 20,20-28

El evangelio que nos propone la liturgia para este domingo, festividad de Santiago apóstol, no es de lo más aleccionador; al menos la actitud de Santiago y su hermano Juan, junto con su mamá. La madre de los hermanos Zebedeos quiere lo mejor para sus hijos y ella piensa –nosotros también– que un puesto de poder y de prestigio es a lo que deben aspirar y conseguir.
Pero la perspectiva de Jesús es bien distinta. Él no quiere una comunidad de seguidores suyos que se muevan en esas coordenadas: «no será así entre vosotros». Quien tiene un puesto de responsabilidad en la comunidad sólo lo puede entender desde el servicio. Y esto es aplicable a cualquier encargo eclesial: obispo, presbítero, catequista, responsable de la pastoral de salud, caritas, etc. (cada cual que ponga aquí su responsabilidad en la comunidad).
Y el servicio no es una palabra bonita, que queda muy bien afirmarla públicamente: «yo estoy al servicio de la comunidad». Implica ser y sentirse el último; aquel que siempre esta disponible; quien ama la comunidad más que su propia vida (eso incluye más que la propia comodidad, más que el propio prestigio, más que los propios gustos y necesidades; etc.). No significa abandonar las otras responsabilidades (familiares, sociales, etc.), si no vivir esta responsabilidad sirviendo, como un sirviente.
jueves, 15 de octubre de 2009
Domingo XXIX tiempo ordinario - Mc 10,35-45
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La pretensión de los hijos del Zebedeo, de Santiago y Juan, que nos narra el evangelio de hoy, es de entonces, de ahora y de siempre. Les gusta, nos gusta, el poder y el reconocimiento social; es humano. El resto, del grupo de los Doce, se indignan contra ellos, pero en el fondo pretenden lo mismo o parecido.
En la comunidad de los seguidores y seguidoras de Jesús no deben ser así las cosas. Eso es lo que les (nos) intenta explicar Jesús. Y afirma: «el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos» Es paradójica la aseveración de Jesús.
Manifiesta a la comunidad de los discípulos que el papel de «grande», de dirigente en la comunidad nada tiene que ver con la forma de entenderlo habitualmente. No es poder, ni prestigio, ni privilegios, ni nada parecido. Los que tienen o pretenden alguna responsabilidad en la comunidad han de ser quienes están a su servicio, más aún, los que se consideran –y son literalmente– esclavos de todos. La autoridad así entendida no tiene nada de atrayente, al menos humanamente. Pero es la que pide Jesús, la que Él vivió: «Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»
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