jueves, 22 de julio de 2010

Festividad de Santiago apóstol - Mt 20,20-28

El evangelio que nos propone la liturgia para este domingo, festividad de Santiago apóstol, no es de lo más aleccionador; al menos la actitud de Santiago y su hermano Juan, junto con su mamá. La madre de los hermanos Zebedeos quiere lo mejor para sus hijos y ella piensa –nosotros también– que un puesto de poder y de prestigio es a lo que deben aspirar y conseguir.

Pero la perspectiva de Jesús es bien distinta. Él no quiere una comunidad de seguidores suyos que se muevan en esas coordenadas: «no será así entre vosotros». Quien tiene un puesto de responsabilidad en la comunidad sólo lo puede entender desde el servicio. Y esto es aplicable a cualquier encargo eclesial: obispo, presbítero, catequista, responsable de la pastoral de salud, caritas, etc. (cada cual que ponga aquí su responsabilidad en la comunidad).

Y el servicio no es una palabra bonita, que queda muy bien afirmarla públicamente: «yo estoy al servicio de la comunidad». Implica ser y sentirse el último; aquel que siempre esta disponible; quien ama la comunidad más que su propia vida (eso incluye más que la propia comodidad, más que el propio prestigio, más que los propios gustos y necesidades; etc.). No significa abandonar las otras responsabilidades (familiares, sociales, etc.), si no vivir esta responsabilidad sirviendo, como un sirviente.

1 comentario:

  1. ¡Parece tan fácil !, pero, ponernos al servicio de los demás de todo corazón y sin esperar nada a cambio, ni tal solo un reconocimiento, pocas veces lo conseguimos. Debería ser una forma de vida, no un esfuerzo que realizamos, pero la sociedad actual empuja fortísimo a lo contrario: a ser los primeros, a ser líderes, a ser más y de ahí surgen todos los males, todas las guerras y todas las miserias más profundas de todo ser humano.

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