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martes, 28 de marzo de 2017

Domingo V de Cuaresma, ciclo A - Jn 11,1-45

Iglesia de Marta, María y Lázaro - Betania
Jesús es la «resurrección y la vida»: ésta es la idea que sobresale del evangelio de este domingo. El Dios de Jesús es el Dios de la vida. Y esta vida se manifiesta en Jesús a través de sus gestos y de sus palabras. Jesús amaba a Marta, a María, a Lázaro...; nos ama a cada uno de nosotros personalmente. Es capaz de emocionarse y de llorar ante la desgracia humana: nos muestra el rostro humano del Dios de la vida. Y es capaz de transformar, como enviado del Padre, el mal en bien, el pecado en bondad, la muerte en vida.

Pero la acción gratuita de Dios, manifestada en Jesús, reclama una respuesta generosa humana. Marta, la hermana de Lázaro, responde desde la fe, desde la esperanza, desde el amor: se fía de Jesús. Pero estas actitudes las vive de una forma activa: sale al encuentro de Jesús, tiene un diálogo sincero y confiado con Él, lo comunica a su hermana. María, la otra hermana, cuando se entera que está Jesús y la llama, sale corriendo a su encuentro y se hecha a los pies del Maestro, compartiendo con Él su dolor y su confianza.

Jesús libera a Lázaro de las ataduras de la muerte; nos libera de toda esclavitud que nos oprime, nos atenaza, no nos deja vivir. En Él tenemos la esperanza de que el mal, el pecado, la muerte no tienen la última palabra.

martes, 1 de abril de 2014

Domingo V de Cuaresma - Jn 11,1-45

Iglesia de Marta, María y Lázaro - Betania
Jesús es la «resurrección y la vida»: ésta es la idea que sobresale del evangelio de este domingo. El Dios de Jesús es el Dios de la vida. Y esta vida se manifiesta en Jesús a través de sus gestos y de sus palabras. Jesús amaba a Marta, a María, a Lázaro...; nos ama a cada uno de nosotros personalmente. Es capaz de emocionarse y de llorar ante la desgracia humana: nos muestra el rostro humano del Dios de la vida. Y es capaz de transformar, como enviado del Padre, el mal en bien, el pecado en bondad, la muerte en vida.

Pero la acción gratuita de Dios, manifestada en Jesús, reclama una respuesta generosa humana. Marta, la hermana de Lázaro, responde desde la fe, desde la esperanza, desde el amor: se fía de Jesús. Pero estas actitudes las vive de una forma activa: sale al encuentro de Jesús, tiene un diálogo sincero y confiado con Él, lo comunica a su hermana. María, la otra hermana, cuando se entera que está Jesús y la llama, sale corriendo a su encuentro y se hecha a los pies del Maestro, compartiendo con Él su dolor y su confianza.

Jesús libera a Lázaro de las ataduras de la muerte; nos libera de toda esclavitud que nos oprime, nos atenaza, no nos deja vivir. En Él tenemos la esperanza de que el mal, el pecado, la muerte no tienen la última palabra.

martes, 16 de julio de 2013

Domingo XVI del tiempo ordinario - Lc 10,38-42

La escena del evangelio de este domingo transcurre en la casa de Marta y de María. Jesús es recibido en su hogar por estas dos hermanas. Estas dos mujeres hospedan al Señor, quieren compartir con él la mesa, pero, sobre todo, desean escuchar sus palabras, su mensaje, la Buena Noticia del Reino de Dios.

El narrador presenta a María escuchando atentamente sus palabras, sentada a sus pies. Como una auténtica discípula, en situación de igualdad con los discípulos hombres, escucha, con gran interés, al Maestro Jesús.

Marta, mientras, está sirviendo, desviviéndose por atender también a Jesús. Y protesta porque su hermana no la ayuda.

La respuesta de Jesús no es una crítica del servicio, función que estaba prácticamente reservada a las mujeres. De hecho, en otras ocasiones, pedirá a sus discípulos, hombres y mujeres, una actitud de servicio como distintivo de sus seguidores, sobre todo de los que tienen una función de liderazgo.

Pero ahora quiere subrayar la primacía de la escucha de la Palabra de Dios, de la Palabra de Jesús. Es una actitud necesaria para todos sus seguidores, mujeres y hombres. Sin esa escucha atenta difícilmente se puede seguir el camino de Jesús.

martes, 11 de junio de 2013

Domingo XI del tiempo ordinario - Lc 7,36-8,3


La protagonista principal del evangelio de hoy es, junto con Jesús, una mujer: Una mujer de la ciudad, una pecadora. El evangelista no nos facilita el nombre de esta mujer anónima, señalada negativamente por alguno que se creía justo y con derecho a juzgar a los demás.

Esta mujer trata a Jesús con un amor exquisito; se siente pequeña y necesitada ante la grandeza del Maestro. Se considera indigna y, por eso, baña con sus lágrimas los pies de Jesús, los cubre de besos y los unge con perfume. El narrador invita a quien lee – escucha este evangelio a identificarse con esta mujer: el arrepentimiento, el amor y el perdón son realidades que caminan juntas. Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor. Estas palabras de Jesús nos llenan de confianza y nos muestran el único camino de salvación, de perdón: el amor. No todos están dispuestos a entender esta forma profética de actuar de Jesús, no conciben que el amor es la palabra definitiva.

Aparecen junto a Jesús en este caminar del Evangelio del Reino del amor el grupo de los Doce, pero también un conjunto importante de mujeres: María Magdalena, Juana, Susana y otra muchas. El evangelista ve en estas mujeres el prototipo del discipulado.

martes, 1 de noviembre de 2011

Conmemoración de los fieles difuntos - Jn 11,17-27

Todas las lecturas de este día son un canto de esperanza para los que creemos en la resurrección de los muertos, confiados en la Palabra de Jesús. Su discipulado sabemos que la muerte no es el último capítulo de nuestra existencia sino el inicio de una nueva vida: el Señor «aniquilará la muerte para siempre» (primera lectura).

Estamos convencidos de la afirmación que Jesús hace a Marta, ante la muerte de su hermano Lázaro: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre» Esta convicción también sirve con respecto a nuestros familiares y amigos, de los que ya nos disfrutamos de su presencia. Esta es nuestra fe, esta es nuestra esperanza. No nos podemos afligir «como los que no tienen esperanza» (segunda lectura).

El paso a la otra vida significa una continuidad de la opción por el amor que hemos hecho, desde nuestra fe. Implica el Vivir (con mayúscula) ese Amor (también con mayúsculas) que predicó y vivió Jesús, invitándonos a hacerlo según un Dios que se define por el Amor. Nuestra fe y nuestra esperanza nacen del Amor y su meta también es el Amor. Allí lo compartiremos con el Señor, todo amor, y con todos nuestros seres queridos.

miércoles, 6 de abril de 2011

Domingo V de Cuaresma - Jn 11,1-45

Iglesia de Marta, María y Lázaro - Betania

En el evangelio de este domingo el narrador pone en boca de una mujer, de Marta, la confesión cristológica por excelencia (los otros evangelistas la han puesto en boca de Pedro): «Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» Es una mujer la que reconocerá en Jesús al Mesías esperado, al Unigénito de Dios.

Tanto Marta como María y el hermano de ambas, Lázaro, representan al discipulado de Jesús, en el que hay mujeres y hombres, en situación de igualdad, porque así lo ha querido el Maestro. La fe de estas dos hermanas hará posible el milagro de la resurrección de su ser querido. Jesús es «la resurrección y la vida». Y éste es el mensaje central del evangelio dominical. El Dios de Jesús es el Dios de la vida. La muerte no es el último capítulo de una existencia, sino el inicio de una nueva vida.

El suceso narrado en el evangelio nos prepara para los acontecimientos que vamos a rememorar a partir del domingo que viene, iniciando la Semana Santa. La pasión y muerte de Jesús no es la historia de un fracaso; es el prólogo de la Pascua, de la Resurrección gloriosa. Esto es lo que creemos, esto es lo que celebramos.

jueves, 15 de julio de 2010

Domingo XVI del tiempo ordinario - Lc 10,38-42

El evangelista sitúa a Jesús –en la escena del evangelio de este domingo– entrando en la casa de una mujer, de Marta: «Marta lo recibió en su casa». A Jesús no le importa romper esquemas culturales y patriarcales que discriminaban a la mujer. Y allí, como en Él es habitual, proclama la Palabra de Dios, el mensaje del Reino. La diferencia es que en esta ocasión sus discípulos son dos mujeres: Marta y su hermana María.

Las actitudes de estas dos mujeres personifican las características del discipulado de Jesús: el servicio, la escucha y el seguimiento de Jesús. Estas tres disposiciones son requeridas a todo seguidor de Jesús, sea hombre o mujer. Marta no termina de entenderlo. Ella está convencida que, como mujer, lo mejor que puede hacer es servir. Y no se equivoca, pero no es suficiente. Ella, también, al igual que los discípulos hombres, es invitada a escuchar y a seguir a Jesús; como lo está haciendo su hermana María. De igual manera, los hombres también son invitados a servir, además de la escucha y el seguimiento. Toda una lección de igualdad en cuanto a dignidad y a discipulado.

En nuestras vidas, en nuestras comunidades eclesiales, en la sociedad… no siempre queda suficientemente clara esta igualdad proclamada y vivida por Jesús. Nosotros los creyentes estamos invitados a ser los primeros defensores de ella: es la voluntad de nuestro Maestro y Señor.

martes, 28 de julio de 2009

Marta y María

Los textos más significativos que nos hablan de estas dos hermanas (hermanas también de Lázaro), discípulas de Jesús, son Lc 10,38-42 y Jn 11,19-27. Ambos textos responden a dos situaciones y a dos catequesis diferentes.

a) El primero nos presenta a Marta sirviendo a Jesús y a María escuchándole. Estas dos mujeres hospedan al Señor, quieren compartir con él la mesa, pero, sobre todo, desean escuchar sus palabras, su mensaje, la Buena Noticia del Reino de Dios.

El narrador presenta a María escuchando atentamente sus palabras, sentada a sus pies. Como una auténtica discípula, en situación de igualdad con los discípulos hombres, escucha, con gran interés, al Maestro Jesús. Marta, mientras, está sirviendo, desviviéndose por atender también a Jesús. Y protesta porque su hermana no la ayuda.

La respuesta de Jesús no es una crítica del servicio, función que estaba prácticamente reservada a las mujeres. De hecho, en otras ocasiones, pedirá a sus discípulos, hombres y mujeres, una actitud de servicio como distintivo de sus seguidores, sobre todo de los que tienen una función de liderazgo. Pero ahora quiere subrayar la primacía de la escucha de la Palabra de Dios, de la Palabra de Jesús. Es una actitud necesaria para todos sus seguidores, mujeres y hombres. Sin esa escucha atenta difícilmente se puede seguir el camino de Jesús.


b) En el segundo texto, del evangelio juánico, el tema es la resurrección. Jesús es la «resurrección y la vida» El Dios de Jesús es el Dios de la vida. Y esta vida se manifiesta en Jesús a través de sus gestos y de sus palabras. Jesús amaba a Marta, a María, a Lázaro...; nos ama a cada uno de nosotros personalmente. Es capaz de emocionarse y de llorar ante la desgracia humana: nos muestra el rostro humano del Dios de la vida. Y es capaz de transformar, como enviado del Padre, el mal en bien, el pecado en bondad, la muerte en vida.

Pero la acción gratuita de Dios, manifestada en Jesús, reclama una respuesta generosa humana. Marta, la hermana de Lázaro, responde desde la fe, desde la esperanza, desde el amor: se fía de Jesús. Pero estas actitudes las vive de una forma activa: sale al encuentro de Jesús, tiene un diálogo sincero y confiado con Él, lo comunica a su hermana. María, la otra hermana, cuando se entera que está Jesús y la llama, sale corriendo a su encuentro y se hecha a los pies del Maestro, compartiendo con Él su dolor y su confianza.

Jesús libera a Lázaro de las ataduras de la muerte; nos libera de toda esclavitud que nos oprime, nos atenaza y no nos deja vivir. En Él tenemos la esperanza de que el mal, el pecado, la muerte no tienen la última palabra.

Y estas dos mujeres nos dan una lección de auténtico discipulado.