Los textos más significativos que nos hablan de estas dos hermanas (hermanas también de Lázaro), discípulas de Jesús, son Lc 10,38-42 y Jn 11,19-27. Ambos textos responden a dos situaciones y a dos catequesis diferentes.
a) El primero nos presenta a Marta sirviendo a Jesús y a María escuchándole. Estas dos mujeres hospedan al Señor, quieren compartir con él la mesa, pero, sobre todo, desean escuchar sus palabras, su mensaje, la Buena Noticia del Reino de Dios.
El narrador presenta a María escuchando atentamente sus palabras, sentada a sus pies. Como una auténtica discípula, en situación de igualdad con los discípulos hombres, escucha, con gran interés, al Maestro Jesús. Marta, mientras, está sirviendo, desviviéndose por atender también a Jesús. Y protesta porque su hermana no la ayuda.
La respuesta de Jesús no es una crítica del servicio, función que estaba prácticamente reservada a las mujeres. De hecho, en otras ocasiones, pedirá a sus discípulos, hombres y mujeres, una actitud de servicio como distintivo de sus seguidores, sobre todo de los que tienen una función de liderazgo. Pero ahora quiere subrayar la primacía de la escucha de la Palabra de Dios, de la Palabra de Jesús. Es una actitud necesaria para todos sus seguidores, mujeres y hombres. Sin esa escucha atenta difícilmente se puede seguir el camino de Jesús.
b) En el segundo texto, del evangelio juánico, el tema es la resurrección. Jesús es la «resurrección y la vida» El Dios de Jesús es el Dios de la vida. Y esta vida se manifiesta en Jesús a través de sus gestos y de sus palabras. Jesús amaba a Marta, a María, a Lázaro...; nos ama a cada uno de nosotros personalmente. Es capaz de emocionarse y de llorar ante la desgracia humana: nos muestra el rostro humano del Dios de la vida. Y es capaz de transformar, como enviado del Padre, el mal en bien, el pecado en bondad, la muerte en vida.
Pero la acción gratuita de Dios, manifestada en Jesús, reclama una respuesta generosa humana. Marta, la hermana de Lázaro, responde desde la fe, desde la esperanza, desde el amor: se fía de Jesús. Pero estas actitudes las vive de una forma activa: sale al encuentro de Jesús, tiene un diálogo sincero y confiado con Él, lo comunica a su hermana. María, la otra hermana, cuando se entera que está Jesús y la llama, sale corriendo a su encuentro y se hecha a los pies del Maestro, compartiendo con Él su dolor y su confianza.
Jesús libera a Lázaro de las ataduras de la muerte; nos libera de toda esclavitud que nos oprime, nos atenaza y no nos deja vivir. En Él tenemos la esperanza de que el mal, el pecado, la muerte no tienen la última palabra.
Y estas dos mujeres nos dan una lección de auténtico discipulado.