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jueves, 29 de marzo de 2018

Viernes Santo - Jn 18,1-19,42

Cada Viernes Santo se vuelve a proclamar el evangelio de la pasión. Esta vez según el evangelista san Juan. Y lo hacemos para conmemorar la pasión y muerte violenta de Jesús. El Jueves santo recordamos que nos amó hasta el extremo. En esta ocasión queda patente en la narración de los acontecimientos del primer viernes santo.

Jesús interrogado, escupido, burlado, coronado de espinas, azotado, camino de la cruz, crucificado, ridiculizado, muerto nos muestra el rostro humano de Dios. Un Dios solidario con nosotros, con nuestros sufrimientos, con nuestro dolor, con nuestra impotencia. Él ha querido experimentarlo en su propia carne. El Dios de Jesús es Alguien que padece con el que sufre. Dios no quiere el mal humano, aborrece el sufrimiento de los que considera y son sus hijos, cada uno de nosotros y de nosotras.

El Viernes Santo nos recuerda esta realidad. Nos muestra una situación de sufrimiento, de dolor y de muerte. Pero, al mismo tiempo, de esperanza, de vida, de resistencia ante la injusticia, ante el mal. Es expectativa de resurrección. El sepulcro de Jesús, la muerte, la iniquidad, no tienen la última palabra. Tenemos la seguridad de que el bien vencerá; la justicia se impondrá; la vida vencerá a la muerte. Dios es un Dios de amor y de vida.

domingo, 30 de octubre de 2016

Festividad de «Todos los Santos» - Mt 5,1-12a

Lugar de las Bienaventuranzas, Israel
En la solemnidad de «Todos los santos» la liturgia nos propone el texto de las «Bienaventuranzas», en el evangelio de Mateo. La Iglesia nos recuerda que el camino de la santidad pasa por la opción por los pobres, por los desconsolados, por los que sufren, etc. De ellos, afirma el evangelio, es el reino de los cielos. Más, aún, asevera que ellos son los «bienaventurados», los felices; implicando a toda la comunidad eclesial en que esta promesa se convierta en realidad aquí y ahora, sin esperar a la otra vida, donde se cumplirá en toda su plenitud. Pero ya es (en presente) de ellos el reino de los cielos; pueden ya estar «alegres y contentos», aunque la recompensa, su plenitud, todavía no es definitiva en esta vida.

La perspectiva que nos muestra el evangelio es bien distinta a la realidad que nos envuelve. Implica una forma de vida diversa: lo prioritario no es el tener, si no el ser; los importantes no son los ricos, famosos y poderosos, si no los que no tienen nada, los «machacados» por la vida, los que son capaces de padecer con el sufrimiento del prójimo, los que se empeñan en que vivamos en un mundo de paz. Los santos y las santas son aquellos que han puesto toda su vida al servicio del «plan de Dios» para la humanidad, resumido en el Sermón de la montaña.

lunes, 30 de mayo de 2016

Domingo X del tiempo ordinario, ciclo C - Lc 7,11-17

Jesús siente compasión de una mujer viuda que acaba de perder a su único hijo. La escena, que el evangelista sitúa en la aldea de Naín, está cargada de emotividad y de amor entrañable.

Las viudas era uno de los colectivos más frágiles en la sociedad mediterránea del siglo I. Al no tener esposo que las mantuviese y, en este caso, al quedarse sin hijos que la ayudasen, eran condenadas a la mendicidad o a la prostitución. Así que junto a la desgracia de la muerte de los seres queridos se añadía la tragedia de una vida sin futuro.


Jesús no es ajeno al sufrimiento humano, a la injusticias sociales que condenan a seres inocentes a situaciones dramáticas, trágicas. Y utiliza el poder de Dios para ponerse del lado de los más necesitados,  de los marginados.


El discipulado de Jesús ─nosotros y nosotras─ no podemos pasar de largo ante las situaciones de injusticia de nuestro alrededor, situaciones agravadas en estos tiempos de crisis. El ejemplo de Jesús nos interpela.

jueves, 2 de abril de 2015

Viernes Santo - Jn 18,1-19,42

Hoy se vuelve a proclamar el evangelio de la pasión. Esta vez según el evangelista san Juan. Y lo hacemos para conmemorar la pasión y muerte violenta de Jesús. Ayer recordamos que nos amó hasta el extremo. Hoy queda patente en la narración de los acontecimientos del primer viernes santo.

Jesús interrogado, escupido, burlado, coronado de espinas, azotado, camino de la cruz, crucificado, ridiculizado, muerto nos muestra el rostro humano de Dios. Un Dios solidario con nosotros, con nuestros sufrimientos, con nuestro dolor, con nuestra impotencia. Él ha querido experimentarlo en su propia carne. El Dios de Jesús es Alguien que padece con el que sufre. Dios no quiere el mal humano, aborrece el sufrimiento de los que considera y son sus hijos, cada uno de nosotros y de nosotras.

El Viernes Santo nos recuerda esta realidad. Nos muestra una situación de sufrimiento, de dolor y de muerte. Pero, al mismo tiempo, de esperanza, de vida, de resistencia ante la injusticia, ante el mal. Es expectativa de resurrección. El sepulcro de Jesús, la muerte, la iniquidad, no tienen la última palabra. Tenemos la seguridad de que el bien vencerá; la justicia se impondrá; la vida vencerá a la muerte. Dios es un Dios de amor y de vida.

lunes, 28 de octubre de 2013

Festividad de «Todos los Santos» - Mt 5,1-12a

Lugar de las bienaventuranzas
Hoy celebramos la fiesta de «Todos los santos» y la liturgia nos la recuerda con el texto de las «Bienaventuranzas», en el evangelio de Mateo. La Iglesia nos señala que el camino de la santidad pasa por la opción por los pobres, por los desconsolados, por los que sufren, etc. De ellos, afirma el evangelio, es el reino de los cielos. Más, aún, asevera que ellos son los «bienaventurados», los felices, implicando a toda la comunidad eclesial para que esta promesa se convierta en realidad aquí y ahora, sin esperar a la otra vida, donde se cumplirá en toda su plenitud. Pero ya es (en presente) de ellos el reino de los cielos; pueden ya estar «alegres y contentos», aunque la recompensa, su plenitud, todavía no es definitiva en esta vida.

La perspectiva que nos muestra el evangelio es bien distinta a la realidad que vivimos en nuestro mundo. Implica una forma de vida diversa: lo prioritario no es el tener, si no el ser; los importantes no son los ricos, famosos y poderosos, si no los que no tienen nada, los «machacados» por la vida, los que son capaces de padecer con el sufrimiento del prójimo, los que se empeñan en que vivamos en un mundo de paz. Los santos y las santas son aquellos que han puesto toda su vida al servicio del «plan de Dios» para la humanidad, resumido en el sermón de la montaña.

martes, 4 de junio de 2013

Domingo X del tiempo ordinario - Lc 7,11-17

Jesús siente compasión de una mujer viuda que acaba de perder a su único hijo. La escena, que el evangelista sitúa en la aldea de Naín, está cargada de emotividad y de amor entrañable.

Las viudas era uno de los colectivos más frágiles en la sociedad mediterránea del siglo I. Al no tener esposo que las mantuviese y, en este caso, al quedarse sin hijos que la ayudasen, eran condenadas a la mendicidad o a la prostitución. Así que junto a la desgracia de la muerte de los seres queridos se añadía la tragedia de una vida sin futuro.

Jesús no es ajeno al sufrimiento humano, a la injusticias sociales que condenan a seres inocentes a situaciones dramáticas, trágicas. Y utiliza el poder de Dios para ponerse del lado de los más necesitados,  de los marginados.

El discipulado de Jesús ─nosotros y nosotras─ no podemos pasar de largo ante las situaciones de injusticia de nuestro alrededor, situaciones agravadas en estos tiempos de crisis. El ejemplo de Jesús nos interpela.

martes, 6 de noviembre de 2012

Domingo XXXII del tiempo ordinario - Mc 12,38-44

Ricos y pobres
«Muchos ricos echaban en cantidad […], de lo que les sobra» «Una viuda pobre echó dos reales […], todo lo que tenía para vivir» Situaciones similares se repiten en la actualidad. Y si no tenemos la sensibilidad de Jesús podemos admirar a los primeros e ignorar o despreciar a los que son como la viuda del evangelio, que en realidad ha echado «más que nadie»

En una situación de crisis como la que estamos padeciendo los actos de solidaridad, de compartir son más necesarios que nunca. Pero, la crisis no es igual para todos: hay unos cuantos para los que ésta pasa prácticamente desapercibida. En cambio, para muchos significa paro, desempleo de varios o de todos los miembros de la familia; pobreza; situaciones desesperanzadoras, cuando no desesperantes; desahucio de sus viviendas; sin perspectivas de futuro… Como comunidad creyente no debemos, no podemos permanecer insensibles, tanto los que tienen más como los que tienen menos, cada uno compartiendo desde sus posibilidades reales, no de lo que nos sobra.