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lunes, 16 de abril de 2018

Domingo IV de Pascua - Jn 10,11-18

Jesús es el «buen Pastor», que es capaz de dar incluso la vida —como así ocurrió de hecho— por sus ovejas. En el evangelio, como es fácil percibir, no se habla de unos «borregos» que siguen de forma alienante a alguien. Estas ovejas —cada uno de nosotros y de nosotras— «conocen», saben lo que quieren: quieren seguir a Jesús y lo hacen de una forma consciente y libre.

No todos los que tienen (o quizás de los que tenemos) alguna responsabilidad pastoral actúan como Jesús. No les preocupan, «no les importan las ovejas». No les quita el sueño lo que pase con ellas, lo que sientan, lo que les inquieta.

Él, Jesucristo, nos marca el camino. Él lo hizo primero, lo continúa haciendo. Le ocupa y le desvela cada uno de los seres humanos. También los «que no son de este redil», del de la comunidad eclesial, los ama personalmente. Quiere que formen parte de un único «rebaño». Desea que cada mujer y cada hombre se sientan amados, reconocida su dignidad, respetados sus derechos. Donde ya no habrá diferencias por raza, cultura, condición social o sexo: todos participaremos de la misma dignidad. Jesús lo defenderá, como la voluntad salvífica de Dios, hasta las últimas consecuencias. Nosotros, sus seguidores, no podemos apartarnos de este plan amoroso divino.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Domingo XXIII del tiempo ordinario, ciclo A - Mt 18,15-20

Tanto la primera lectura, del profeta Ezequiel, como el evangelio de hoy señalan la responsabilidad del creyente ante el pecado del hermano o hermana, ante su debilidad. La fidelidad a la Palabra de Dios, al evangelio de Jesús, exige una preocupación exquisita por el prójimo. Pablo, en la carta a los romanos (segunda lectura), afirmará que el amor es la única deuda que debemos tener con los demás, ya que amando se cumplen todos los mandamientos.

El texto del evangelio pertenece al llamado «discurso eclesial», en el que se subraya las exigencias del perdón y del amor en la comunidad cristiana. Lo importante es que el hermano o la hermana no se pierda, aunque haya sido infiel, incluso gravemente. El proceso es de una delicadeza exquisita, primero exhortándolo/a a solas, en secreto; no criticándolo/a ni pública ni siquiera interiormente. El resto del proceso busca ayudarlo/a, no condenarlo/a. Aunque no siempre es posible: el otro, la otra son seres libres y hemos de respetar su libertad, aunque se equivoque.

Pero no puedo quedarme tranquilo/a si el/la hermano/a se pierde. Respetaré siempre su libertad, pero me uniré en oración comunitaria por el hermano o la hermana, para que Dios «toque» su corazón y sea consciente de su error. El amor es la medida de las relaciones comunitarias.

martes, 2 de mayo de 2017

Domingo IV de Pascua - Jn 10,1-10

Jesús no es un pastor de «borregos» sin capacidad de pensar y que siguen a alguien de forma mecánica: «¿dónde va Vicente?, donde va la gente». Jesús es el buen pastor que conoce y respeta a cada una de las ovejas de su rebaño; las conoce personalmente y por eso llama a «cada una por su nombre». Y estas ovejas siguen a Jesús de una forma consciente y libre, de manera que «no reconocen la voz de los extraños»

Más aún, Él es «la puerta», donde las ovejas encontrarán la salvación, la respuesta a todos sus anhelos y esperanzas. Y podrán «entrar y salir libremente», no condicionadas o manipuladas por nada ni por nadie; pero allí «encontrarán pastos» para saciarse. Y es que Jesús quiere que «tengan vida y la tengan en abundancia».

El símil es fácil de entender, de aplicar. La narración del evangelio está manifestando cómo Jesús muestra el camino de la fe, al que estamos invitados todos y todas, un camino de libertad, donde la persona se siente valorada por sí misma, por lo que es, reconocida individual, personalmente, y encuentra la plenitud de sus aspiraciones más profundas. Pero hay otras «ofertas», con frecuencia tentadoras, pero que no dan vida.

lunes, 13 de junio de 2016

Domingo XII del tiempo ordinario, ciclo C - Lc 9,18-24

¿Quién es Jesús? Es la pregunta que plantea el mismo Jesús a sus discípulos y es la pregunta que aún sigue siendo actual.

Para muchos Jesús es un personaje histórico de gran importancia social, incluso para algunos un revolucionario; para otros una celebridad religiosa con gran incidencia en su tiempo e incluso siglos después, que se puede poner al lado de otros como Buda, Confucio, Mahoma o incluso Gandhi o Luther King. Para nosotros, como creyentes, estas respuestas nos resultan insuficientes. Aunque eso no debe nunca significar desprecio a estas aproximaciones a la figura de Jesús de Nazaret; pueden ser un primer paso. Detrás de todas ellas –entonces y ahora– hay una cierta simpatía hacia su persona. Y eso es bueno.

Sabemos que Jesús es el «Mesías de Dios», aunque, es posible, que nosotros tampoco terminemos de entender y asumir lo que significa esto. El anuncio de su pasión, muerte y resurrección inmediatamente después de la afirmación de Pedro, indica que también los creyentes podemos confundir o tergiversar su vida y su mensaje.

Hemos de seguir preguntándonos personal y comunitariamente ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?; ¿porqué en tantas ocasiones el mensaje de Jesús que transmitimos en nuestras vidas y en nuestras palabras es poco convincente?

martes, 12 de abril de 2016

Domingo IV de Pascua - Jn 10,27-30

El evangelio de este domingo nos muestra a Jesús como el buen Pastor. Nada más lejos de la narración que el presentar al grupo de discípulas y discípulos de Jesús como un rebaño de borregos, sin criterio propio.

Los que pertenecen al grupo de Jesús (sus ovejas) han respondido libremente a una llamada personal a la fe. Escuchan y siguen al Maestro, al buen Pastor, desde una opción libre. El mensaje de Jesús ha transformado sus existencias y son mujeres nuevas y hombres nuevos.

¿Y Jesús? Nos conoce a cada una y cada uno personalmente, individualmente. Nos ha llamado por nuestro nombre y nuestros apellidos a seguirlo. Nos ofrece una vida que no termina con la muerte. Nos invita a participar de la comunión de amor que hay entre Él y el Padre. Nos convoca a formar parte de su rebaño, en el que cada ser humano considere al otro su hermana o su hermano.

Jesús descubre a sus discípulos la realidad de Dios, una realidad de la que todos podemos participar. La comunidad trinitaria se convierte en signo al que debe apuntar la comunidad de los creyentes, la comunidad humana.

martes, 21 de abril de 2015

Domingo IV de Pascua - Jn 10,11-18

Jesús es el «buen Pastor», que es capaz de dar incluso la vida —como así ocurrió de hecho— por sus ovejas. En el evangelio, como es fácil percibir, no se habla de unos «borregos» que siguen de forma alienante a alguien. Estas ovejas —cada uno de nosotros y de nosotras— «conocen», saben lo que quieren: quieren seguir a Jesús y lo hacen de una forma consciente y libre.

No todos los que tienen (o quizás de los que tenemos) alguna responsabilidad pastoral actúan como Jesús. No les preocupan, «no les importan las ovejas». No les quita el sueño lo que pase con ellas, lo que sientan, lo que les inquieta.

Él, Jesucristo, nos marca el camino. Él lo hizo primero, lo continúa haciendo. Le ocupa y le desvela cada uno de los seres humanos. También los «que no son de este redil», del de la comunidad eclesial, los ama personalmente. Quiere que formen parte de un único «rebaño». Desea que cada mujer y cada hombre se sientan amados, reconocida su dignidad, respetados sus derechos. Donde ya no habrá diferencias por raza, cultura, condición social o sexo: todos participaremos de la misma dignidad. Jesús lo defenderá, como la voluntad salvífica de Dios, hasta las últimas consecuencias. Nosotros, sus seguidores, no podemos apartarnos de este plan amoroso divino.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Domingo XXIII del tiempo ordinario - Mt 18,15-20


El evangelio de este domingo forma parte del llamado «discurso eclesial» que ocupa todo el capítulo 18 del evangelio de Mateo. En el texto que contemplamos hoy la comunidad creyente se plantea cómo debe actuar cuando alguno atenta gravemente contra la unidad. En las palabras y gestos de Jesús encontrarán la respuesta. Lo realmente importante es no abandonar a su suerte al hermano o la hermana, a quien ha pecado. La comunidad intentará por todos los medios ganarlo, sin crear escándalo, sin criticarlo públicamente. Sólo cuando éste se obstina en su actitud, y después de haberlo intentado todo, se le invitará a que abandone la comunidad. Y aun así nunca está todo perdido: la oración por este hermano o hermana, esperando el «milagro» de su vuelta sincera, será lo que marcará el sentimiento comunitario hacia él.

Todo un programa comunitario, donde lo prioritario es el bien común, pero donde siempre importan todos y cada uno de los miembros de la comunidad. La delicadeza espiritual a la hora de tratar los problemas, la confianza en el otro, la oración y el amor exquisito, incluso por quien ha hecho daño, es el estilo que pide Jesús a la comunidad de sus seguidores.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Palabra del Señor permanece para siempre

«La Palabra del Señor permanece para siempre» (1Pe 1,25). Con estas palabras comienza la reciente exhortación apostólica postsinodal sobre la «Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia» Verbum Domini. El documento papal responde y recoge las conclusiones del último Sínodo ordinario de los Obispos, celebrado en el Vaticano del 5 al 26 de octubre de 2008. Tanto el Sínodo como este documento señalan la necesidad de que sea reconocida en toda la comunidad cristiana la importancia y centralidad de la Palabra de Dios, y quiere mantenerse en la línea que marcó principalmente la Constitución Dei Verbum, del concilio Vaticano II, subrayando que «la comunidad eclesial crece también hoy en la escucha, en la celebración y en el estudio de la Palabra de Dios» (n. 3).

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jueves, 28 de octubre de 2010

Domingo XXXI del tiempo ordinario - Lc 19,1-10


Hoy el protagonista, de la narración del evangelio, es un pecador, una de aquellas personas no recomendables socialmente, a las que se acerca Jesús. El Reino de Dios no es privilegio de unos pocos, está abierto a todos y a todas.
 
Zaqueo entra en escena presentado como «jefe de publicanos y rico»; una forma de decir que se había enriquecido gracias a su puesto privilegiado, al servicio del dominador romano. Desde la perspectiva de sus conciudadanos un ladrón y un traidor. Pero Jesús «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» Su perspectiva es inclusiva, no excluyente. Todos tienen cabida en la comunidad de Jesús, en el Reino de Dios.
 
No todos ven las cosas como Jesús: «todos murmuraban» Hemos de examinar cuál es nuestra actitud ante los que se acercan a nosotros, a la Iglesia. ¿Cómo vivimos la acogida eclesial?
 
Podemos caer en diversas formas de pre-juicios, de juicios previos, y negar la posibilidad del encuentro gozoso de tantas personas con Jesús. Cuanto bien podemos encontrar en «los otros», los que no son de los nuestros, si somos capaces de mirar –como Jesús– con una mirada limpia, abierta.
 
La actitud de Zaqueo, a partir de su encuentro con Jesús, es un ejemplo de lo que puede cambiar una persona. ¿Nuestra vida ha cambiado, somos más generosos, hemos aprendido a compartir… después de encontrarnos con Jesús?

lunes, 25 de enero de 2010

Transversalidad de la Biblia en la pastoral


Es, sobre todo, a partir de la última asamblea de la FEBIC (Federación Bíblica Católica) que la hasta entonces llamada «Pastoral bíblica» comenzó a denominarse «Animación bíblica de la pastoral». La primera prioridad que señaló la FEBIC para el período 2008-2014 es «la animación bíblica de toda la vida de la Iglesia, de manera que todo el ministerio pastoral esté inspirado y animado por la Palabra de Dios», subrayando que la Palabra de Dios ha de ser el alma (anima) de toda la pastoral de la Iglesia.

De esta intuición se ha hecho también eco el Sínodo de los obispos sobre «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia» (octubre 2008) cuando, por ejemplo, afirma: «La Dei Verbum [Concilio Vaticano II] exhorta a hacer de la Palabra de Dios no sólo el alma de la teología sino también el alma de toda la pastoral, de la vida y de la misión de la Iglesia (cf. DV 24). Los obispos deben ser los primeros promotores de esta dinámica en sus diócesis. Para ser anunciador y anunciador creíble, el obispo debe nutrirse, él el primero, de la Palabra de Dios, de manera que pueda sostener y hacer cada vez más fecundo su propio ministerio episcopal. El Sínodo recomienda incrementar la “pastoral bíblica” no en yuxtaposición a otras formas de pastoral sino como animación bíblica de toda la pastoral» (proposición 30).

La Biblia tiene una función transversal en toda la pastoral. Nada en la pastoral es ajeno a la Palabra de Dios. Y esto no sólo es aplicable a la pastoral sacramental o litúrgica. Se extiende a la homilía, a toda la predicación, a la catequesis (a toda la catequesis), a la pastoral social, a la de la salud, a la de la inmigración, a la ecuménica y un largo etcétera. La Palabra de Dios interpela a toda la comunidad cristiana y tiene la vocación de informar, de transformar toda la realidad eclesial.

Es necesario, es urgente que la Palabra de Dios recupere la centralidad que le corresponde. En todas las parroquias, en todos los grupos, en todas las comunidades y movimientos ha de ser una prioridad la lectura, estudio, plegaria de la Biblia, en una perspectiva actualizadora, provocadora, transformadora de la propia comunidad. El mismo sínodo de la Palabra pedía «una reflexión teológica sobre la sacramentalidad de la Palabra de Dios» (proposición 7). Es Jesús, Palabra de Dios, quien se hace presente, quien nos habla a través de ella.

Ya no podemos hablar de pastoral bíblica, como si ésta fuese una forma de pastoral, al lado de otras formas posibles. La Biblia es aquel fundamento imprescindible sin el que es imposible hacer pastoral, al menos pastoral cristiana.