jueves, 25 de noviembre de 2010

Domingo I de Adviento - Mt 24,37-44


Inauguramos un nuevo año litúrgico, con el inicio del Adviento. Este tiempo fuerte litúrgico nos prepara a la llegada de Jesús, en la Navidad; aunque también sugiere la espera de su segunda venida al fin de los tiempos, de la Parusía.

El mensaje del evangelio es «estad preparados», «estad en vela». En ambas recomendaciones hay una llamada a no aletargarse, a no dormirse, a estar en vigilia. Todo lo contrario a una actitud pasiva ante la realidad que nos envuelve. Nosotros, seguidores de Jesús tenemos la responsabilidad de que este mundo sea más justo, de luchar para que sea respetada la dignidad de cada persona, de que el plan original de amor de Dios cada vez sea una realidad más palpable, de que nuestras comunidades eclesiales sean más acogedoras, de ser una comunidad de amor constatable… No podemos dormirnos, hemos de estar en vela, la labor por hacer es mucha.

No es una llamada a un activismo estresante, nada más lejos. Pero sí a tomar conciencia de nuestra responsabilidad en conseguir una realidad distinta a la que tantos hombres y mujeres están sufriendo. Las posturas aburguesadas, de «pancha contenta», de no complicarse la vida no se corresponden a la de un seguidor de Jesús.

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