Ante la pregunta de Jesús, al grupo de los Doce, si ellos
también lo abandonarán, Pedro dará la respuesta creyente: «Señor, ¿a quién
vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos
que tú eres el Santo consagrado por Dios» Jesús es la resolución definitiva, la
respuesta a los interrogantes sobre una vida con sentido…
martes, 21 de agosto de 2012
Domingo XXI del tiempo ordinario - Jn 6, 60-69
Con el evangelio de
hoy, después de cinco domingos, cerramos el recorrido por el discurso
eucarístico de Jesús que nos transmite el evangelio de Juan. Jesús no es
comprendido por muchos de sus interlocutores e incluso por gran parte de sus
discípulos. Él les echará en cara su falta de fe.
La apuesta por la fe no es fácil, pero vale la pena, da sentido a la
existencia. No sé hasta que punto estamos convencidos de ello. La fe implica
una respuesta exigente en nuestra vida, donde no caben componendas con el
aburguesamiento y el no quererse complicar la vida. En la Eucaristía y en la
Palabra de Dios encontraremos la fuerza.
jueves, 16 de agosto de 2012
Domingo XX del tiempo ordinario - Jn 6,51-58
| Lugar de la multiplicación de los panes y los peces |
La eucaristía nos introduce en una vida nueva, la vida de
Dios. Jesús ha querido que podamos ya degustar, aquí y ahora, la vida que
disfrutaremos plenamente en el cielo. Eso es lo que posibilita la Eucaristía.
Más aún, Jesús ha decidido quedarse con nosotros y el lugar que ha elegido es
nuestro interior, convirtiéndonos a cada uno de nosotros y de nosotras en su
templo: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él»
Nuestra vida ha de traslucir, reflejar las palabras y los
gestos de Jesús: su preocupación exquisita por los débiles, por los marginados;
su entusiasmo por los valores del Reino; su empeño en que todos reconozcan en
el otro al hermano, a la hermana; su necesidad de encontrar momentos de
intimidad con el Padre… ¡Lo llevamos dentro!
lunes, 13 de agosto de 2012
La Asunción de María - Lc 1,39-56
La liturgia nos propone meditar en la festividad de la
«Asunción de María» el evangelio de la visita de María a su parienta Isabel.
María, en esta narración, se convierte en la portadora de Jesús, la que lo
lleva dentro de si y lo ofrece a los demás. Es el ejemplo más claro de
discipulado, desde su maternidad divina. Por eso Isabel alabará, cantará la
bienaventuranza de su fe sin fisuras.
El cantico del «Magníficat», que entona María, es un texto
poético, preñado de constantes evocaciones del Antiguo Testamento, de la Biblia
Hebrea. La madre de Jesús nos presenta a un Dios que es grande y poderoso en su
misericordia, en el amor preferencial por el necesitado, por el pobre, por el
humillado. Esa también será la opción de María.
La comunidad creyente tenemos la oportunidad de mirarnos en
el espejo de María, de admirar y compartir su fe, de evangelizar como ella, de
tener una preocupación exquisita por las necesidades de los demás, de descubrir
un Dios todo amor.
martes, 7 de agosto de 2012
Domingo XIX del tiempo ordinario - Jn 6,41-51
| Palabra de Dios y Eucaristía |
El acercarse a Jesús es consecuencia de la escucha de la
Palabra del Padre. El aproximarse a Jesús, el creer en su Palabra, el
participar del alimento de su cuerpo y de su sangre es resurrección, es vida
eterna, es no morir (para siempre), es vida sin fin, es la vida del mundo. Todas
estas afirmaciones, complementarias, reiterativas, las escuchamos en el
evangelio de hoy. La Buena Noticia de Jesús es sobre todo Vida, con mayúscula.
¿Estamos realmente convencidos de ello? Nuestra vida debe contagiar alegría
desbordante de saber que somos los mensajeros de la Vida; alimentados por la
Palabra de Dios y por la Eucaristía.
martes, 31 de julio de 2012
Domingo XVIII del tiempo ordinario - Jn 6,24-35
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| Eucaristía |
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| Palabra de Dios |
Continuamos con la
catequesis eucarística que iniciamos el domingo pasado; el evangelista
clarificará lo que en el evangelio anterior estaba insinuado. Jesús habla de un
«alimento que perdura hasta la vida eterna», obviamente está hablando de la
Eucaristía: «Yo soy el pan de vida», afirmará. Pero, al mismo tiempo, está
relacionando esta realidad con la fe, con creer en Él, con escuchar su Palabra:
sólo así es posible participar plenamente del «pan del cielo»
La doble mesa de la
Palabra y de la Eucaristía, que fue subrayada en el concilio Vaticano II, es
una realidad única, inseparable, insustituible. En ambas Cristo se hace presente.
Su Palabra y su Carne son el alimento indispensable de la comunidad cristiana.
Sin ambas no hay liturgia, no hay Eucaristía, no hay Iglesia. La Palabra de
Dios y la Eucaristía deben ser amadas por la comunidad creyente y frecuentadas
con asiduidad; hemos de repetir convencidos: «Señor, danos siempre de
este pan»
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