Las dificultades, el
arriesgar la propia vida no les apartó de proclamar a los cuatro vientos la
novedad del mensaje de Jesús. Ambos estaban convencidos que la Buena Noticia del
Reino, que proclamaban, valía la pena. No sé si nosotros vivimos con similar
intensidad nuestra fe, nuestras convicciones; si estamos dispuestos a darlo
todo por los valores por los que ellos ofrecieron toda su existencia y su vida.
martes, 26 de junio de 2012
San Pedro y san Pablo, apóstoles - Mt 16,13-19
La liturgia une en
la misma festividad a estos dos gigantes de la Iglesia primitiva, Pedro y
Pablo. Ambos sufrieron en sus carnes la cárcel, la tortura, el martirio. Nos lo
recuerdan las lecturas que meditamos en este día: «estaba Pedro
durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia
a la puerta de la cárcel» (primera
lectura); «yo (Pablo) estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de
mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la
meta, he mantenido la fe» (segunda
lectura). Pero antes testimoniaron su fe en Jesús, «el Hijo de Dios vivo»
(evangelio).
martes, 19 de junio de 2012
Natividad de Juan Bautista - Lc 1,57-66.80
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| Río Jordán, lugar del ministerio de Juan Bautista |
La
elección por parte de Dios es desde siempre; también la nuestra. Dios ha
pensado en cada uno de nosotros y de nosotras, nos ama personalmente desde toda
la eternidad. La voluntad salvífica divina es la felicidad de todos los seres
humanos sin excepción: todos somos sus hijos e hijas. Nosotros hemos sido
llamados, elegidos para que esta realidad sea posible. Es nuestra misión el que
todos gocen de la Buena Noticia de Jesús; de la dignidad que todas las personas
humanas compartimos. Juan Bautista fue consecuente con esta vocación.
jueves, 14 de junio de 2012
Domingo XI del tiempo ordinario - Mc 4,26-34
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| Arbusto de mostaza, Galilea |
El reinado de Dios, la
realidad que ha inaugurado Jesús crece, de forma sencilla y acompasada, casi
imperceptible pero sin detenerse, hasta que «el grano está a punto» Y, también,
se asemeja a la semilla de mostaza que siendo algo pequeño, ínfimo, es capaz de
producir un arbusto (no un árbol espectacular) en el que en sus ramas «los
pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas»
Nosotros
estamos acostumbrados, nos gustan las cosas de otra manera. Deseamos ver los
frutos rápidos, de forma inmediata y que estos sean vistosos, espectaculares,
que dejen a todos boquiabiertos. Pero la forma de actuar de Dios, de Jesús es
otra. Lo importante, lo esencial no es la grandeza sino la acogida, no es lo
pretencioso sino la capacidad de servicio. Ésta es la Iglesia que quiere Jesús,
con la que en algunas ocasiones nos cuesta identificarnos.
martes, 12 de junio de 2012
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - Jn 19,31-37
El evangelio de Juan nos
explica cómo Jesús, en la cruz, derramó por amor a la Humanidad hasta la última
gota de su sangre. No existe amor más grande y salvífico que el de Jesús: esta
realidad es la que celebramos en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
Lo que define al Dios de la
Biblia, al Dios de Jesús es el Amor. El pueblo de Israel es una realidad que
irá descubriendo lentamente a lo largo de su historia (primera lectura). Jesús
nos lo mostrará continuamente en sus palabras y en sus gestos; en su
predicación y en su forma de actuar. Pero será su entrega en la cruz la que
mostrará de la forma más nítida posible este amor. El rostro de Dios, a partir
de Jesús, nunca más se confundirá con violencia, castigo o venganza: Dios no es
así.
La comunidad creyente debe
tomar nota de esta realidad; debe hacer suya esta actitud. Si lo que nos define
es otra cosa; si en nuestras vidas anidan rivalidades, odios, envidias, ansias
de poder o prestigio es señal de que aún nos queda mucho para ser auténtico
discipulado de Jesús. La cruz de Jesús, su entrega incondicional debe ser
nuestra medida.
martes, 5 de junio de 2012
El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo - Mc 14,12-16.22-26
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| Seder de Pesaj (Pascua judía) |
La narración sitúa el contexto en la celebración pascual, en
la cena familiar de este evento nuclear de la fe del pueblo de Israel, de su
acción de gracias por la liberación de la esclavitud de Egipto: cena, panes,
vino, recitación de los salmos de Hallel (Aleluya), recuerdo de la
Alianza, espera del Mesías, etc. Pero ahora el cordero pascual es Jesús, el pan
que se da como alimento es Jesús, el vino de la alegría y de espera del Mesías
es Jesús; la Alianza es una nueva Alianza con toda la humanidad; la liberación
es universal, de toda esclavitud, abierta a todos. Es el anticipo de su pasión,
muerte y resurrección: el mayor acto de amor posible. ¿Estamos en esta onda?
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