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Basílica de la Transfiguración |
La escena de la Transfiguración,
del evangelio de este domingo, anticipa la exaltación –la resurrección– de Jesús, que celebraremos al
final de este tiempo litúrgico y hacia donde apunta toda la Cuaresma. Prepara a
los discípulos a los acontecimientos difíciles de la pasión y muerte del
Maestro, con la confianza cierta de un final esperanzador.
En la escena de la narración,
además de Jesús y los tres discípulos, aparecen tres personajes más: Moisés y
Elías y Dios-Padre. Toda la Biblia, toda la Palabra de Dios está dando
testimonio de Jesús, personificada en Moisés (la Torá, la Ley) y Elías (los
Profetas), y el mismo Dios confirma la grandeza del Hijo, con una invitación a
escucharlo.
Invita el pasaje a todos los que
lo leen o lo escuchan a estar atentos a la Palabra de Dios, Antiguo (Moisés y
Elías) y Nuevo Testamento (Jesús). En ella está la respuesta a nuestros
interrogantes, pero también a nuestros miedos, inquietudes, angustias,
incomprensiones... La historia del ser humano, la colectiva, pero también la
personal, está en las manos de Dios; no hemos de tener miedo. Y, al mismo
tiempo, es una llamada a vivir el mensaje de esta Palabra: no podemos quedarnos
a hacer «tres tiendas» y eludir nuestra responsabilidad.
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