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lunes, 27 de junio de 2016

San Pedro y san Pablo, apóstoles - Mt 16,13-19

La Tradición, la Iglesia han querido unir en una misma fiesta estas dos grandes figuras de la Iglesia primitiva: Pedro y Pablo. Las diversas lecturas de hoy nos recuerdan algunos momentos de la vida de estos dos personajes.

El evangelio nos evoca la confesión de fe de Pedro en Jesús como Mesías y como Hijo de Dios. Seguramente Pedro no es plenamente consciente del alcance de su afirmación, pero es un paso importante. Jesús le confiará el cuidado de su Iglesia.

Pedro es un hombre sencillo, de profesión pescador. Tendrá la misión de ser «piedra» fundamental en la construcción de la nueva realidad que se está inaugurando con Jesús. Tendrá que aprender que el ser dirigente de la Iglesia de Jesús no tiene nada que ver con actitudes de poder ni con imposiciones arbitrarias. El libro de los Hechos de los Apóstoles (primera lectura) lo presenta en la cárcel: el seguimiento de Jesús muchas veces no es fácil. Algo similar pasa con Pablo que en la segunda carta a Timoteo (segunda lectura) comenta su próximo martirio, después de toda una vida entregada a la evangelización.

Son dos grandes columnas de la Iglesia. Su ejemplo es un espejo donde todos debemos mirarnos: su fe, su espíritu de servicio, su afán evangelizador, su empeño en hacer presente la «Buena Noticia» de Jesús, su entrega hasta las últimas consecuencias…, son actitudes necesarias para la construcción del Reino de Dios y de un mundo más justo.

martes, 6 de noviembre de 2012

Domingo XXXII del tiempo ordinario - Mc 12,38-44

Ricos y pobres
«Muchos ricos echaban en cantidad […], de lo que les sobra» «Una viuda pobre echó dos reales […], todo lo que tenía para vivir» Situaciones similares se repiten en la actualidad. Y si no tenemos la sensibilidad de Jesús podemos admirar a los primeros e ignorar o despreciar a los que son como la viuda del evangelio, que en realidad ha echado «más que nadie»

En una situación de crisis como la que estamos padeciendo los actos de solidaridad, de compartir son más necesarios que nunca. Pero, la crisis no es igual para todos: hay unos cuantos para los que ésta pasa prácticamente desapercibida. En cambio, para muchos significa paro, desempleo de varios o de todos los miembros de la familia; pobreza; situaciones desesperanzadoras, cuando no desesperantes; desahucio de sus viviendas; sin perspectivas de futuro… Como comunidad creyente no debemos, no podemos permanecer insensibles, tanto los que tienen más como los que tienen menos, cada uno compartiendo desde sus posibilidades reales, no de lo que nos sobra.